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Juan José Dalton

¿QUIÉNES SOMOS LOS SALVADOREÑOS AHORA?

Ponencia Por Juan José Dalton

 

"Es una obligación de todo patriota odiar a su país de una manera creadora". Es la nota que escogió Roque Dalton para iniciar su novela "Pobrecito poeta que era yo...", su obra póstuma y en la que paradójicamente anuncia su trágica muerte que ocurriría, en ficción pero mucho más en la realidad, bajo la traición y la infamia de aquellos a los que consideró sus "hermanos de lucha".

"Odiar de manera creadora al país", pareciera quizás una propuesta tremendista, pero viene de un poeta, de un intelectual, que amó profundamente a su "Patria dispersa: caes/ como una pastilla de veneno en mis horas./ ¿Quién eres tú, poblada de amos,/ como la perra que se rasca junto a los mismos árboles/ que mea?..."

La historia de nuestro país ha sido una secuencia de violencia y pobreza, que en sincronía perfecta tejen y siembran nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra tradición. No por gusto el poeta Dalton también decía que deberían dar premio de resistencia por ser salvadoreño.

La esencia incomprensible de nuestra naturaleza está siempre en el límite de las diferencias, en esa frontera invisible que existen entre la vida y la muerte. La paradoja histórica es nuestra capacidad de proliferarnos, por un lado, como expresión y fruto del amor, y en el reverso, la capacidad de aniquilarnos, quizás por el rencor y el odio que sentimos hacia nosotros mismos...

Somos, con el perdón de todos nosotros, una "raza dañada". EL OBISPO, en Taberna y Otros Lugares, Dalton, dice:

"Los hombres en este país son como sus madrugadas:

mueren siempre demasiado jóvenes

y son propicios para la idolatría.

Raza dañada.

La estación de las lluvias es el único consuelo".

 

Pero SIR THOMAS, en el mismo poemario dice:

"...Este país es una espina de acero.

Supongo que no existe sino en mi borrachera,

Pues en Inglaterra nadie sabe de él..."

Como si nada sucediera, transitamos por las calles o las veredas de la patria en ruinas, sabiendo que estamos en peligro de no volver al hogar y de heredar a nuestros hijos todas las deudas posibles, una mayor miseria y una cada vez más infinita rabia.

¿Es esta una oportunidad para hablar de la Patria Independiente? ¿Es esta la oportunidad de gritar lo felices y lo orgullosos que estamos los salvadoreños de ser salvadoreños?

Mas bien, es hora de reflexionar, de escrutar en nuestra historia diaria, larga, triste y cruda acerca de lo que somos actualmente y qué es lo que une a esta comunidad que ha extendido sus fronteras. ¿Cuál es ahora la patria y quiénes somos ahora sus habitantes?

¿Es nuestro territorio ahora sólo de 21.000 kilómetros cuadrados, cuando una tercera parte de la población está en diversas ciudades de Estados Unidos y en otros lados del mundo?

¿Tenemos un solo idioma cuando una tercera parte de la población podría considerarse bilingüe? Hasta hace poco éramos también bilingues, pero hablábamos español y nahua; hoy hablamos español e inglés.

Reflexión de actualidad.

Internamente vivimos, desde 1992, un período de tránsito, de posguerra que tiende a prolongarse. Diariamente enfrentamos una cruda violencia delincuencial que tiene cifras:

- 19 muertes violentas diariamente, durante la guerra fueron 16 muertos diarios;

- un secuestro cada dos días;

- 15 robos de vehículos diarios;

- Con 6.1 millones de habitantes, en El Salvador mueren anualmente 120 policías violentamente; en Estados Unidos con 250 millones de habitantes mueren 150 policías anualmente de manera violenta.

Esta situación nos coloca en el hemisferio occidental como el país más peligroso y más violento, con consecuencias terribles: huída del capital nacional; desconfianza del capital extranjero; no hay generación de empleo; decrecimiento de la calidad de vida de toda la población (de hecho estamos entre las cuatro naciones latinoamericanas con menor nivel de desarrollo humano, que mide anualmente la ONU). En medio de todo esto una cada vez más galopante corrupción que corroe todo y a todos.

Así estamos. En las más recientes encuestas de opinión pública los salvadoreños han manifestado un inmenso desencanto con los hacedores de política:

- El presidente Francisco Flores ha sido reprobado con una nota de entre 5.7 y 5.3 (en una escala de 10), en apenas cien días de gestión; cuando tomó la presidencia la simpatía de la población ascendía a 6.8 puntos.

- También 8 de cada 10 salvadoreños creen que el país vive una grave crisis.

- Más del 80 por ciento de la gente no sabe o no conoce nada acerca del plan de gobierno de Flores.

En toda esta situación, lo lógico es que hubiera alternativa, pero las encuestas también dicen que la inmensa mayoría de la gente considera que si el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) estuviera en el poder, la situación estaría igual o peor que como está con ARENA. Con otras palabras,como dice el dicho popular: "No tenemos palo en que ahorcarnos".

La vida y la historia de nuestra patria nos enfrenta cada vez más a la necesidad de refundar la Nación desde sus propias bases y alejados de los ya caducos conceptos ideólogicos del igualitarismo imposible, por un lado, y del mercanitilismo corrupto, por el otro.

Se requiere de pensamiento y voluntad, así como de trabajo sincero al servicio de la sociedad y de la comunidad; que incorpore a todos los sectores. Se requiere de una firme y valiente posición de impulsar y renovar constantemente un Plan de Nación, que restablezca la esperanza y que haga aflorar la fé en una auténtica democracia a través del fortalecimiento de sus instituciones y del impulso de políticas de corto, mediano y largo plazo en procura del desarrollo seguro y consecutivo de toda la sociedad. En resumidas cuentas: en busca de la equidad posible.

Sólo así los salvadoreños podríamos comenzar a reconocernos orgullosos de nosotros mismos y cambiar mentalidades. ¿Por qué tendríamos que odiar creadoramente a la Patria cuando lo lógico, entonces y sólo entonces, es que la amemos creadoramente?

(Ponencia para Foro: El Salvador y los salvadoreños en Estados Unidos; dos culturas y un país; 11 de septiembre de 1999. California State University, Northridge).

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