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IV. ! Viva el rey de los nonualcos !

" Los ricos criollos [ de San Vicente] se habían refugiado en la
iglesia tratando de resguardar sus riquezas bajo el mando de Aquel
que abominó delos potentados y consagró su vida a la pobreza y a
la humanidad. Los indios no se atrevían a entrar, atacar el templo.
Siglos de prédica opresora les había infundido un fanático temor
frente a la divinidad de los blancos, frente a aquel Dios que podía
fulminarlos si se decidían a atacar su morada. Parecía que la
estrategia criolla daría resultado. Desde una torre de la iglesia, el
cura lanzaba anatemas contra los ejércitos indios. Pero el valor del
Tayte logró dominar el pánico y la iglesia fue tomada por las
huestes nonualcas.

Y allí, en esa iglesia de pueblo, Anastasio Aquino consuma su más
formidable acto reolucionario, el de que lo consagra como líder,
como precursor de los que muchos años después señalaría la
religión como un opio que adormece los instintos de la libertad del
hombre y los somete a la explotación de quienes
-- en nombre de Cristo-- se alimenta con la sangre, el sudor y
las lágrimas de los desheredados.

Para demostrar a los indios la falsedad de los castigos con que
los amenazaba el cura, para que se convencieran de que ningún
rayo celeste los abatiría por sacrilegio, Aquino trepó al camarín
que resguardaba una ridícula imagen de San José y, derribándola,
se ciño la corona y se cubrió con el manto de la estatua
constituyéndose así, a los ojos de los indios, en el gran demoledor
de la mentira católica, en redentor auténtico de la raza oprimida,
en verdadero apóstol de aquel que dijo
'Bienaventurados los humildes, porque ellos poseerán la tierra'."

(Las Historias Prohibidas del Pulgarcito)