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Una Carta de sus Amigos y Compañeros

Con Roque Dalton.

Hablar de ti es una de las cosas más fáciles y más dificiles. Trataré de explicarte.
Muchas de las tantas veces que nos hemos reunido con los compañeros y has salido tú a bailar, como es de suponer, brota inminente la alegría.
Con cuánta soltura y confianza se relatan tus hazañas, porque indudablemente son eso,
hazañas; por mucho que las maticemos de anécdotas o de pasaditas mas o menos jocosas.

No pueden explicarse de otra manera esas formas tan especiales en tí, con que
le tomaste el pelo a la vida. Sólo tú te escapaste de una muerte segura gracias a
un terremoto; solamente tú cavaste con un hueso de gallina el túnel de la libertad;
sólo a tí se te occurió pedir jugo de piña en la URSS en pleno invierno.

Y asi, entre risas y carcajadas hemos consumido las horas en un sincero y cariñoso
homenaje a tu memoria. Se que te halaga, pues como dicen quienes te trataron
personalmente, como Debray, Galeano, Fernández Retamar, Benedetti y tantos mas,
hacías reír hasta a las piedras. Así eras tú. Sencillo, puro, cristalino, sólido, recio,
de pura fibra como diríamos aqui. Tu cara de cipote pícaro con aquella enorme
narizota de pez espada y tu contextura física toda flacucha eran la cobertura que
la naturaleza había proporcionado, generosamente, a la robusta conciencia revolucionaria, al gigantesco arsenal teórico que poseías, a tu ilimitada erudición.

Estas cosas, hermano, son las que fácilmente podemos decir de ti. Lo difícil,
lo extremadamente complejo es tratar (osar, diría yo) de explicar tu praxis, tu trabajo revolucionario, tus ideas, tus tesis y concepciones acerca del proceso, que llegron
a costarte la vida.
A nadie escapa el valioso aporte que en nombre de este país ignorado hiciste a las letras latinoamericanas. Un viejo y erudito filólogo checo (como pudo ser asiátio o africano)
sabía tanto de nosotros, de nuestras luchas, gracias a ti, a tu obra universal.
por otro lado sabemos que el acelerado paso que ha tomado la revolución salvadoreña
en los últimos años se debe a tu contribución personal en la elaboración de su teoría,
de su estrategia. Lo sabemos tan bien, como el precio que tuviste que pagar,
y contigo todo el pueblo.

En cuanto a tu praxis, a la militancia revolucionaria, acabó con el último chance para
las mentirijillas, las excusas banales de todos los que se justificaban (y hasta se vanagloriaban)
con 'simpatizar con la izquierda".
Cómoda posición! Para los intelectuales revolucionarios honestos, el camino
quedó expedito: la organización. Cuando planteaste en casa del pintor Mariano
el dilema de terminar lo poco que faltaba de la importante novela o aceptar
la peligrosa tarea que te ofrecía la organización, todos los ahí reunidos creyeron
que se trataba de otra "brillante tesis de mesa redonda", como lo dijo Carlos María Gutiérrez.
Más no. Era la disyuntiva de tu vida. La misma que tuvo el Che cuando le tocó escoger en el combate, entre una caja de balas y un botiquín de medicinas.

Y tu convicción, tan grande como la suya, te indicó la opción correcta.
Pobre Garaudy que se queja del hombre unidimensional creado por la parte
capitalista de este siglo decadente; regodeándose en sus devaneos metafísicos
de última hora, no ha reparado en el Hombre Nuevo.
El hombre del sigglo XX que nuestra tierra latinoamericana está ofreciendo al mundo.
Hombres como tú son la esperanza del género humano.
Quién mas humano que tú? Quien amo tanto a sus semejantes, a su pueblo,
que renuncio a su rostro? Lofter, al Par de Inglaterra, el Lord sin rostro, no
hubiera inspirado la obra de Gunter Weisemborn si éste hubiera conocido tu historia;
pues mientras aquél lo perdio víctima del destino, tú voluntariamente renunciaste a él.

Dicen que con tu nueva fisionomía ni tu propia madre te habría reconocido.
Sabes, Roque, morir es llegar al final del camino; y cuando se muere por la Revolución,
se goza, se siente la enorme alegría del deber cumplido; por ello ningún revolucionario
le teme a la muerte. Pero renunciar al rostro, transformarse la cara, ser otra persona,
otra identidad, para poder entrar al país y gozar de movilidad (que según tú cuentas
te permitió estar en la Facultad de Derecho, en un acto público, sin que nadie
te reconociera), eso camarada, eso, compañeros, es uno de los más altos escalones
en la condición humana a que puede llegar un hombre,

                                 ! Roque, estamos orgullosos de ti !

Sabes que al momento de escribirte estas líneas, a la carrera, con las prisas que exigen las circunstancias del momento, sentimos más que nunca tu ausencia.
! Preparamos la insurreción!, y como decía el maestro Lenin, la insurreción es un arte;
en donde los creadores inagotables como tú son imprescindibles.

Pero ten por seguro que tu risa permanente, tus enseñanzas, estaran junto a nosotros,
dándonos aliento, insuflando el animo; en todos lados, en los Comités Populares,
en el partido, en el ejército, en el Frente. Toda la estructura que tú y los compañeros levantaron funcionará, te lo aseguro. Nuestro duro batallar, el esfuerzo por trabajar mejor cada vez, los desvelos estudiando la ciencia de la ida y al ciencia de la Revolución nos permiten orientar nuestra práctica revolucionaria, de tal manera que en el pueblo han prendido nuestras ideas, tus ideas, las ideas de la liberación definitiva.

Estamos seguros que el próximo mes de mayo, cuando conmemoremos otro aniversario de tu muerte, lo haremos en un acto público, ampliamente masivo, sera un acto oficial. Hasta entonces compañero.

Para Roque, en el quinto aniversario de su muerte mayo 1975- mayo 1980.
MIR ( Movimiento de Intelectuales Revolucionarios)