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REPORTAJE

"Cuando salí de La Habana..."

Una historia prohibida de Roque Dalton

Tercera entrega

Por Miguel Huezo Mixco
cartas@elfaro.net
 
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No volverían a verlo. El 1 de mayo, Sancho y Lil Milagro se desenchufan del ERP y se refugian en su retaguardia secreta. La historia de ese periodo de venganzas está todavía por contarse. En lo que respecta a Dalton, según Sancho, en una fecha no precisada fue sacado por sus captores de la casa de la colonia Málaga, próxima al barrio Santa Anita, y llevado hacia otro lugar donde, el 10 de mayo, lo mata "de sorpresa" una "unidad militar".

¿Quiénes decidieron sobre la suerte de Dalton? Según Sancho, la decisión estuvo entre cuatro personas. Tres de ellas --Alejandro Rivas Mira, Vladimir Rogel y Joaquín Villalobos-- se decidieron por darle muerte. Sancho, como se ha dicho, se opuso. La versión de Villalobos, reproducida en una entrevista con Juan José Dalton, el segundo de los tres hijos del poeta, publicada en Excélsior en 1992, es ligeramente distinta: asegura que fueron seis hombres, incluído él mismo, los que decidieron matarlo: Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Jorge Alberto Sandoval y Mateo (aunque Villalobos no lo recordó en la entrevista, su nombre era Mario Vigil, un estudiante de Artes)Lo que sigue, es parte de la historia conocida: Su cuerpo fue llevado hasta la zona de lava del volcán, en Quezaltepeque, al norte de la capital, un botadero de cadáveres de opositores a los militares salvadoreños. Los restos de Dalton nunca aparecieron.

Aparentemente, fue devorado por perros y aves de rapiña[ii]. Para "T", esa historia es otro embuste: Le parece ridículo que un grupo de "aspirantes a guerrilleros urbanos, más asustados que valientes", atravesara la ciudad con un cadáver. "T" escuchó que Dalton fue llevado a una casa rodeada de fincas en los alrededores de Montserrat, bastante cerca de Santa Anita, donde fue muerto y sepu Esos son los hechos en trazos gruesos, pero el conjunto de la historia sigue en secreto y probablemente seguirá así por largo tiempo. Con todo, nada hay que contradiga que el "juicio" contra Dalton fue una decisión tomada con los procedimientos imperantes en la carnicería de Tony Soprano. ¿Quién asesinó a Dalton? Los testigos directos de aquel crimen siguen fieles a un pacto de silencio.

En los últimos años, la familia de Dalton ha señalado repetidamente a Villalobos como autor material del crimen. La acusación se basa en una conversación sostenida en La Habana, en 1979, entre la familia del poeta y disidentes del ERP, entre ellos Eduardo Sancho. De acuerdo con el testimonio de Juan José Dalton, en aquella oportunidad se les reveló que "Villalobos había sido el encargado de disparar contra mi padre"[iii]. Años más tarde, Sancho exoneró públicamente a Villalobos y cargó con la responsabilidad única a Rivas Mira.< Contra lo que muchos profetizaron en el ya remoto año 1975, el ERP, con el cadáver de Dalton a cuestas, llegó a convertirse en una poderosa organización. A lo largo de la guerra civil salvadoreña, los reproches contra su dirigencia provinieron casi exclusivamente de escritores y artistas.

El ERP tuvo ocasión de revisar su conducta en el caso Dalton. Como resultado, emitió un documento que, entre otras cosas, decía: "Convirtiendo a Dalton en un 'revolucionario' de 'grandes cualidades', faltando a la verdad sobre su papel en el proceso revolucionario salvadoreño y sublimando su efímera militancia; [los escritores y artistas] piensan colocarse ellos como sector a través de la bandera de Dalton, poeta y escritor, ya que es esto lo que vuelve importante su muerte y lo convierte en el héroe cuando la verdad es que fue víctima y hechor de su propia muerte".

Aunque las paradojas no terminan allí: El ERP contó entre su militancia al distinguido poeta Roberto Armijo, miembro de la generación de Dalton; en París, durante la guerra, Armijo tuvo ascendencia entre políticos, escritores e intelectuales latinoamericanos y europeos; su dirigencia también gozó de simpatía en las oficinas del Ministerio del Interior cubano, que, junto con el aparato cultural, constituían "el vínculo más importante entre la Revolución Cubana y la izquierda latinoamericana"[iv].

Era un secreto a voces que los cubanos "favorecieron casi sistemáticamente al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en buena parte por el encandilamiara el prestigio del icono como para el de sus patrocinadores. "Lo peor es tener sólo enemigos. No. Lo peor es tener sólo amigos..."    Mirando en retrospectiva sus desavenencias con su propio partido, los acontecimientos de 1970 en La Habana,  y su encuentro fatal con el ERP, la construcción romántica obligaría a la conclusión de que esos incidentes fueron resultados de su espíritu crítico y anti solemne. Ese Dalton es verdadero, pero no es completo. No creo faltar a la verdad si subrayo que Dalton también fue capaz de actitudes solemnes y hasta reprobables. Tenía habilidad no sólo para el sarcasmo.

Una parte de su poemario Los testimonios, de 1964, está dedicada "A mi Partido", un homenaje que parece más cerca de la zalamería que del fervor revolucionario. En ese mismo libro, al lado de los héroes históricos sacrificados, aparece Cayetano Carpio, a la sazón Casi diez años después del asesinato de Dalton, Carpio resultó señalado como parte intelectual del repugnante crimen en Managua de Mélida Anaya Montes, la segunda al mando de su organización. Las FPL y la dirigencia del FSLN culparon del asesinato... a la CIA. Muy pronto, las pesquisas del aparato de seguridad cubano-nicaragüense develaron que más bien era resultado de una lucha intestina.

En aquella ocasión, los cubanos prácticamente sacaron de un cajón una pistola que le había regalado Omar Torrijos y se la dieron a Carpio para que se suicidara[vii]. Pocos años después, en otra de esas nuevas historias prohibidas, la paranoica dirección La posibilidad de que un buen día un matón se convierta en un miembro prominente de la sociedad, es sólo concebible en el terreno de lo político. Algo como esto hemos presenciado, atónitos, en la realidad salvadoreña de posguerra. Es posible, entonces, que la fuerza del mito de Dalton esté asociada a la necesidad de contar con una elite moral que se enfrente al relativismo predicado por la política cotidiana.

Siendo Dalton parte de esa elite, los albañiles de su prestigio, desde quienes lo presentan como un guerrillero ejemplar hasta quienes lo retratan como un ser pintoresco, hemos banalizado sus zonas oscuras y exaltado las virtudes que demandó un momento: el de la lucha revolucionaria. Se trata, sin embargo, de un esfuerzo que pone a Dalton a pelear en desventaja: No tiene ni la astucia ni el pragmatismo del político, como tampoco el ardor y la discipliUna lectura del siglo XXI de la obra de Dalton exige un abrelatas y no sólo las candorosas interpretaciones construidas bajo el impacto de su martirio.

Para desentrañar la historia de su muerte se requiere de una máscara antigás, como la que él mismo propuso para ingresar en los palacios de la Iglesia; antes de lo cual había escrito: "La única organización pura que va quedando en el mundo de los hombres es la guerrilla", algo que dicho por él ahora suena como una macabra tomadura de pelo. Pocas literaturas pueden darse el lujo de tener un mito como éste. Dalton es el tipo de personajes que trastornan la idea misma que un país y una cultura tienen de sí mismas, y ayuda a construir otra, que engrasa los tránsitos de la imaginación y la conciencia hacia nuevos momentos.

Por su actitud sacrificial y su peso simbólico, por la condensación de estupidez y de fatalidades que se arremolinaron en torno a él, Dalton es un Orfeo del siglo veinte que bajó (para no regresar) a los infiernos de una ética trastornada. Es, para usar una expresión de Brodsky, exponente de una poesía de "alta velocidad y nervios expuestos"[viii]. De una velo

[i] Testimonio de "T".

[ii] A esa conclusión llegó un informe de la Misión de las Naciones Unidas encargada de la verificación de los Acuerdos de paz.

[iii] Conversación por correo electrónico con J.J. Dalton.

[iv] Castañeda, Jorge G.: La utopía desarmada, Ariel, Barcelona, 1995.

[v] Citado en el mismo libro.

[vi] Se trata de Evocación de Horacio, y en especial del poema "Ilustre familia".

[vii] Castañeda, en el mismo libro.

[viii] La expresión la usa Brodsky con relación a Ossip Mandelstam.