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REPORTAJE

Una historia prohibida de Roque Dalton
Parte II
De vuelta a Casa

De vuelta a Casa

Miguel Huezo Mixco
cartas@elfaro.net

La historia que sigue es más conocida: su regreso y asesinato. Y lo que no se sabe, o se sabe a medias sobre el crimen, ha hecho más espeso el humo de la leyenda. Ahora sabemos que su retorno a El Salvador también está ligado a sus conflictos en Cuba. Ahora, también, podemos imaginar los apremios personales de Dalton en ese proceso que lo llevó directamente a las manos de sus homicidas.

Por alguna razón, los veloces acontecimientos que terminaron con su asesinato son llamados con frecuencia como "el juicio de Dalton". Sancho mismo, en sus notas autobiográficas, habla de la existencia de un "juicio sumario". "El juicio" es otra de esas construcciones de fantasía y lodo. Como si se tratara de un episodio de Perry Mason, se dice que el poeta estuvo "bajo arresto", en custodia de una "unidad militar". También se habla de la presentación de "cargos", tales como fotografías en las que aparecía al lado de un agente doble de la CIA, e inclusive de que un capítulo de su novela Pobrecito poeta que era yo, probaba su culpabilidad. Se habla también de la existencia de un "defensor", Eduardo Sancho, que habría tratado de salvar a "Dreyfus". Y se habla de una "condena" y una "ejecución". Todo este tribunal imaginario ha sido construido por sus asesinos y, paradójicamente, por sus mismos admiradores. Es terrible pensar que aquel defensor de sindicalistas en sus años juveniles, terminara en medio de semejante "tribunal".

En realidad, la manera en que las cosas ocurrieron está muy lejos de un juicio y más cerca del tipo de intrigas retratadas en Historia de Mayta de Vargas Llosa. ¿Conoceremos algún día la verdad? Quién sabe. Lo que sí podemos establecer ahora es que las decisiones fueron fruto de deliberaciones apegadas a códigos trastornados, cualesquiera que estos fueran.

Como ya hemos referido, Dalton entró a El Salvador a finales de 1973. Diversos testimonios coinciden en señalar que su incorporación al grupo guerrillero fue producto de un acuerdo patrocinado por Cuba. El "tío Julio" fue nombrado asesor de la dirección guerrillera. De acuerdo con Sancho, la fatalidad se cebó sobre Dalton por una falta de disciplina. Dalton con otro de sus compañeros habían ido a impartir entrenamiento a un grupo de obreros. Las normas establecían que una vez cumplida la misión las armas debían volver a un local de seguridad; pero Dalton no apareció. La excusa de Dalton parece creíble: el ejercicio terminó más tarde de lo que se esperaba ya que tuvo lugar en una zona boscosa al oriente de San Salvador. El jefe de Operaciones, que respondía al nombre de Vladimir Rogel , ordenó que se le detuviera por dos días. El hecho puso en marcha un plan urdido por el mismo personaje que se encargó de traerlo a El Salvador. Sancho asegura que Rivas Mira se resistía al debate sobre concepciones y estrategias, y que veía en Dalton una sombra para su estilo caudillista de dirigir y manipular al grupo de conjurados. Otra versión, que ya ha motivado una narración de Horacio Castellanos Moya, asegura que en el asesinato hubo motivos pasionales (Dalton le habría quitado la mujer al número uno de la célula clandestina). La versión oficial del ERP asegura que darle muerte a Dalton fue "un error político-ideológico" de la jefatura de ese momento.

La triste historia de su muerte, todavía llena de vacíos e inexactitudes, ahora tiene elementos nuevos; algunos provienen del texto del ex comandante Eduardo Sancho. Según esta versión, la jefatura guerrillera veía inminente un levantamiento popular en el que tendría destacada participación un sector de militares del ejército gubernamental. En ese clima delirante, la "falta leve" de Dalton se convirtió en una falta grave: insubordinación. Luego, se añadieron dos acusaciones. La primera, que era un agente cubano. Roque, dice Sancho, había "dicho en broma, en sus conversaciones... que [había] trabajado para la seguridad cubana... [y] eso fue tomado como prueba". Dalton, entre tanto, permanecía en la casa de su novia, Lil Milagro Ramírez. Cuando Sancho le contó sobre la acusación de que era un agente cubano, Roque "sólo se pone a reír". Y añade: "Es posible que él no viera con amplitud lo que se movía en cada acontecimiento".

La segunda consistió en acusarlo de ser un agente de la CIA. El testimonio de Sancho añade un hecho nuevo: En 1973, cuando las organizaciones armadas FPL y ERP iniciaron un proceso de acercamiento, Rivas Mira habría llevado a uno de sus encuentros el informe de que Dalton estaba por ingresar al país. En respuesta al informe, Cayetano Carpio, en presencia de Sancho y otros, expresó reservas sobre Dalton. "Sus reservas consisten en la información [de] que disponía el Partido Comunista que afirmaba sin pruebas que Roque después de estar preso y salir de la cárcel de Cojutepeque [en 1964], tuvo un contacto en un hotel con la CIA, con la embajada [de Estados Unidos]", y que Dalton nunca pudo explicar ese contacto.
Aunque aceptemos que Carpio no tenía interés en contar con Dalton en las entrañas del recién formado aparato clandestino, no deja de ser sorprendente que lo lanzara por el tubo con una acusación tan grave y peligrosa --pero que tampoco era infrecuente. El mote de ser "agente de la CIA" fue, y sigue siendo, usado de manera muy liberal en el lenguaje de izquierdas. En aquel fatídico mes de abril de 1975, cuando la expresión se trajo a cuentas, Sancho pensó en buscarlo pero Carpio "se encontraba en ese momento fuera del país por lo que no se le [pudo] ver como testigo principal", asegura.

Existe todavía otro elemento más del que poco se habla. A principios de 1975, Dalton viajó a México enviado por la organización. Como narran diversos testimonios, sin dar explicaciones se desapareció de la vista de sus propios compañeros por espacio de varios días, quizás una semana. Aunque se ha especulado sobre la posibilidad de que haya ido a la casa del exiliado salvadoreño Abel Cuenca, que era un sitio de peregrinaje para muchos revolucionarios, Dalton no paró allí. Desenchufado de la organización, se hospedó en una casa de la Colonia del Valle, en la calle Miguel Laurent. Esta desaparición también fue abonada a la cuenta de la desconfianza.

En este punto es necesario subrayar que el "proceso" contra Dalton se produjo en medio de una división, que ya era un hecho, dentro del ERP. A principios de 1975, un sector de dicha organización (que luego sería conocido como la Resistencia Nacional, RN) tenía montada una estructura clandestina paralela, la cual, en definitiva, les salvó la vida a Sancho y a Lil Milagro Ramírez (posteriormente, ella fue asesinada en cautiverio por la Guardia Nacional).

Un ex combatiente, al que llamaremos "T", que vivió de cerca los hechos y que ha preferido mantener su testimonio en el anonimato, asegura que en ese momento en la organización guerrillera menudearon los trinquetes y las zancadillas recíprocas. En ese clima peligroso, dice, Dalton "jugó con las circunstancias" como "una mariposa revoloteando alrededor de una vela", tomando partido al lado de una de las tendencias y escalando posiciones dentro del aparato clandestino. De ser así, las acusaciones contra Dalton no estaban dirigidas sólo contra su persona; también tenían la intención de aleccionar a la tendencia con la cual se había identificado. Se convirtió, pues, en una víctima propicia dentro de la pugna. No en la única, por cierto.

Los eventos relacionados con Dalton sin duda precipitaron la inevitable división del ERP. Cuando el asesinato era inminente, Sancho toma la decisión de consumar la separación y salvar su propia vida. En los últimos días de abril, Sancho y Lil Milagro hablan con Dalton y le proponen la fuga. Entonces ocurre un hecho trascendental: "Roque no acepta... dice que confía en los compañeros". Sancho recuerda:
"Desde ese momento perdimos su voz, su semblante de preocupación, cierta sonrisa de aflicción, de incredulidad de lo que ocurre".