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Columna de:
Juan José Dalton


20/04/99


Roque Dalton:
Una mirada familiar sobre su vida y su obra

No puedo recordar ni la hora ni el día. Estábamos en nuestra casa en el barrio San Miguelito, mi hermano Roque y yo; Jorge (el menor) estaba en Sonsonate con mi abuela Carmen.

Alguien llegó con un poco de sigilo y le dijo algo a mi madre. Ella nos llamó de inmediato, nos mandó a lavar la cara y a peinarnos. "Apúrense niños, apúrense..."

Ni preguntamos nada, porque mi mamá andaba cara de preocupada y no vaya ser...

Nos dirigimos a casa de mi tía Orbe (hermana mayor de mi abuela materna e íntima amiga de la mamá de mi padre), que quedaba como a dos o tres cuadras de la nuestra. Aquello no tenía nada de particular porque era casi un ritual diario de todas las tardes.

Al abrir la puerta de aquella casa, que tenía un enorme corredor, con unas grandes macetas de cemento en las que dejé, en varias ocasiones, parte de mi cuero cabelludo a causa de las carreras de triciclos, vi aparecer a un hombre que se me hacía familiar, pero estaba peludo, con bigote y rala barba. Su cara llena de finas y recientes heridas.

"Niños es su papá, vayan a saludarlo", dijo mi mamá. Roque y yo corrimos a fundirnos en un abrazo con él.

Tampoco recuerdo si fue ese mismo día o al siguiente, pero llegó un carro negro y grande y mi padre desapareció otra vez...

Días antes mi mamá María (como le decíamos a nuestra abuela paterna) nos había mantenido rezando frente a un altar de la Virgen de Guadalupe, "para que su papá regrese". Tenía ya varios días de haber sido capturado y "desaparecido".

En los periódicos de la época aparecieron constantemente dos angustiadas mujeres que buscaban a su hijo y esposo, respectivamente, en todos los locales de la Policía Nacional y de la Guardia, sin ningún resultado.

En aquella ocasión la casa nuestra había amanecido vigilada por agentes vestidos de civil... Esta es quizás la referencia que se me quedó grabada en la memoria que relaciona mi niñez con la figura de mi padre.

Su aparecimiento en casa de mi tía Orbe se debió a la "famosa" fuga de la cárcel de Cojutepeque, en 1964, que protagonizó Roque Dalton a raíz de un temblor que rajó las paredes y le posibilitó hacer un boquete, llegar a un patio y saltar por el tejado de una casa vecina, para después correr por entre la maleza hasta que un taxi logró ponerlo fuera de peligro en San Salvador.

Parte de esta historia está narrada en su novela póstuma "Pobrecito poeta que era yo" y que ha sido tema de estudios académicos en varios lugares. Tiene además un alto contenido autobiográfico.

Poemas de un profundo contenido humano y político que tienen que ver con este episodio están plasmados en su galardonado libro "Tabernas y otros lugares", en la parte III, que él denominó "Poemas de la última cárcel".

Roque Dalton García, nacido el 14 de mayo de 1935 y asesinado el 10 de mayo casi 40 años después, llevaba en su propio ser las tremendas contradicciones del tiempo y de la sociedad en que le tocó vivir.

Repasemos algunas de esas contradicciones desde su propio origen: madre humilde - padre rico; madre salvadoreña padre estadounidense; hijo fuera del matrimonio niño privilegiado; católico comunista; intelectual guerrillero; teórico práctico, entre otras muchas, como por ejemplo, haber escogido a una bautista para casarse, siendo católico.

Inmerso en ese mar de contradicciones quiso ser consecuente, y de hecho lo fue, con el contenido de su creación artística (especialmente de la última etapa), que llamaba a cambiar la realidad que sufría su "diminuto y amado país". En 1973 se entregó a una naciente guerrilla que asumía representar y ser la "vanguardia" política del pueblo.

Poco se conoce de los debates internos en el seno insurgente, pero se evidencia que entre Dalton y la jefatura del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) hubo un choque de realidades tan grande y profundo que llegó a determinar su asesinato el 10 de mayo de 1975.

Recordemos que su crítica era brutal, así como su humor, tal como se apreciará en uno de sus controversiales poemas:

Lógica Revi

"Una crítica a la Unión Soviética
sólo la puede hacer un antisoviético.

Una crítica a China
sólo la puede hacer un antichino.

Una crítica al Partido Comunista Salvadoreño
sólo la puede hacer un agente de la CIA.

Una autocrítica equivale al suicidio".

Desde hace mucho tiempo, después de la muerte de mi padre, me he dedicado a recoger testimonios de gente que lo conoció en la última etapa de su vida.

Al llegar al seno guerrillero se le colocó como un simple miembro de una célula clandestina, pese a haber sido un gran conocedor de la estrategia y la táctica revolucionarias, luego de un prolongado estudio de las experiencias soviéticas, chinas, vietnamitas, coreanas y cubanas; además de haber sido uno de los intelectuales que se destacó en los debates latinoamericanos en los mismos temas.

Hay quienes recuerdan todavía con gran emoción las charlas políticas que le tocó impartir a grupos de sindicalistas o de activistas de las organizaciones populares. La gente escuchaba con atención las largas historias, a las que seguramente les agregaba sus propios aportes. Mezclas, collage de historias de la "vida real" con síntesis de experiencias políticas, como dos de sus obras: "Las Historias Prohibidas de Pulgarcito" y "El Libro Rojo para Lenin".

Si a la hora de leer disfrutamos la obra, por su desenfado y su humor, cómo no habrá sido haciendo disertaciones en vivo? Poco a poco fue ganando adeptos, en un ambiente donde también reinaba la intriga, la envidia y la conspiración.

Roque Dalton, muy en serio, como después lo hicimos muchos de generaciones posteriores, jugaba con la vida, ejemplo de ello en el siguiente relato:

"Mi padre iba por las calles de Sonsonate, ya en la clandestinidad (debía ser el año 1974), disfrazado de un elegante señor, de bigotes y anteojos. Detrás de él iba de seguridad otro guerrillero, pero de aspecto humilde. Al pasar por un retén de policías, los agentes lo dejaron pasar, pero detuvieron al campesino. Mi padre se dio cuenta y con gran desenfado se dirigió al sargento y le dijo: "¡Sargento, suelte inmediatamente a ese muchacho, es mi empleado!".

"¡Usted a mi no me grite, soy la autoridad; usted no sabe quién soy yo!", refutó el sargento.

"Míreme bien, usted tampoco sabe quién soy yo, y si lo llega a saber, ¡de culo se va a ir!", le contestó mi padre y el campesino fue liberado."

Lamentablemente no soy especialista en literatura y no puedo aportar en ese sentido a los debates académicos que se desarrollan acerca de la correspondencia o no entre Vanguardia Política y Vanguardia Artística, en la obra de Roque Dalton.

Considero que Roque Dalton fue una especie de cronista de la época que le tocó vivir y un exponente de sus ideas y sentimientos, muchos de los cuales --no pueden ser de otra manera-- estaban enfrentados, encontrados. En mayor medida usó para ello la poesía, pero hizo novela, teatro, cuentos, ensayos y periodismo.

En Roque Dalton no son ajenas las contradicciones entre la conciencia de un intelectual "pequeñoburgués" y su lucha, su voluntad determinante por aportar en la lucha por una utópica revolución socialista.

"...Pobre de mí,
pobre de mí,
que soy marxista y me como las uñas..."

Esa lucha, me parece, tuvo que haber sido muy aguda, con mayor razón después de haber reclamado que "el poeta es una actitud moral", frase que rescató de Miguel Angel Asturias y a quien criticó duramente por haber aceptado ser embajador de la dictadura en Guatemala.

Por ello que es muy difícil hacer un corte con precisión quirúrgica, que algunos quizás por intereses académicos o por otros motivos menos comprensibles, desean hacer para separar en Dalton al artista por un lado y al político por el otro.

Y cuando en ocasiones se pregunta: Bueno pero ¿qué predominó más: el artista o el político? Para mí la repuesta está en su obra, en su creación, que no cabe duda, fue y es revolucionaria, estremecedora y crítica y es lo que estamos observando que es perdurable.

Deseo expresar el profundo agradecimiento que la familia Dalton tiene hacia todos aquellos esfuerzos de índole investigativo y académico que se hacen acerca de Roque Dalton, su obra y su entorno. Es por esta vía que su creación ha tenido una mayor difusión, importancia y ampliación hacia otros sectores.

En El Salvador y en Centroamérica Roque Dalton es cada vez más un lugar común para todos y no como se apreciaba hasta hace poco: el poeta guerrillero. Ahora además de haber sido guerrillero ha cobrado su verdadero peso como Poeta de la Nación.

Nuestra exhortación es incentivar este camino de estudio crítico, para lo cual la familia está dispuesta a ofrecer todo lo que esté en nuestras manos y a través de lo que se llamará Fundación "Roque Dalton" (en proceso de legalización).

TRANSICION DRAMATICA

El Salvador de la posguerra, de transición, está viviendo un momento dramático e inestable.

Cuesta decir que existe paz cuando el promedio diario de muertos por la violencia común es mayor que el que existió durante la guerra.

En la política existe la mayor de las incertidumbres y confusiones: mientras la derecha concerta con varios sectores para formar su nuevo gobierno; en el lado de la izquierda cunde la crisis y la frustración y nuevamente se culpa a la CIA de sus fracasos, como que la imaginación dejó de ser atributo para quienes luchan por utopías y son los llamados a mantener vivas las esperanzas.

No parecemos encontrar la luz a final del tunel y el comunismo no será más una aspirina del tamaño del Sol. Después del huracán Mitch le estamos rogando a Dios para que un día de estos no caiga nieve en El Salvador.

Sin embargo, los necios seguimos creyendo que:

"El Salvador será
un lindo (y sin exagerar)
serio país..."

(Ponencia presentada en la Primera Conferencia de Cultura y Literatura Centroamericana, celebrada en la Universidad Estatal de Arizona, con sede en la ciudad de Phoenix, EEUU, entre el 8 y 10 de abril de 1999).


Las ideas expresadas en el artículo anterior son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente coinciden con el punto de vista de El Faro

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