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La última decisión de Roque Dalton

Por: Ana María Cerna

Al elaborar el título de una obra, el autor puede tener variados intereses: que sea publicitariamente atractivo, que introduzca al lector en la temática de la obra, puede ser referido a uno de los personajes, o tratarse de la idea central de la obra.

No puedo ocultar el hecho de que siempre me llamó la atención el título de la novela de Roque Dalton: ‘‘Pobrecito poeta que era yo’’. Tenía la intuición de que significaba algo más profundo; pues se trataba de una afirmación inconclusa que el tiempo se encargaría de completar.

Pero él le había dejado al lector la tarea de desentrañar su verdadero significado. Cuando salió publicada la antología de poemas de Roque Dalton ‘‘En la humedad del secreto’’, realizada por el doctor Rafael Lara Martínez, en la que incluye su investigación sobre las fechas correctas de la publicación de los libros de Roque, comencé a armar el rompecabezas: Roque escribe una novela de corte autobiográfico en la que bajo cuatro supuestos personajes recorre momentos importantes en su vida; pero la novela no se reduce a eso, en ella incluye sus ideas sobre las posibilidades de la literatura (generar una reflexión sobre el momento político), el problema de la ‘‘desgarradura’’, la revolución, el marxismo soviético y otros temas.

Cuando Roque escribe: ‘‘Mi novela deberá de ser irritante y catártica. Buscando esa fiebre intensa provocada por el grito del curandero que sacará los males del cuerpo por el sudor y la orina y los del alma por la desesperación...’’ Lo ha conseguido.

Pero la catarsis no es del lector de la novela, es del propio Roque. La introspección que realiza a través de la elaboración de la novela le permitirá pasar de la palabra a la acción. Comprende que no se puede cambiar al mundo con la literatura.

Las posibilidades de la literatura se reducen al intercambio de ideas, pero no a los cambios profundos que él deseaba. La novela ‘‘Pobrecito poeta que era yo’’, es finalizada entre los años 1971 y 1973. Por esa época Roque está escribiendo su poema ‘‘Bosquejo de adiós’’, que tiene la fecha 22–23 de abril de 1973. En este poema expone tres ideas que nos hablan de sus preocupaciones: ‘‘Pero deberás de abandonar tus lepras lingüísticas no es difícil si te nutres de humildad el lenguaje es la esencia del núcleo de la palidez se vende en polvo en sobrecitos como para colorear arroz frito pero ahí precisamente está la trampa cuando lo usas no hay remedio la vida decae a conceptos todas las relaciones se vuelven semántica y la moral renace como engreimiento de toros puro profesoral. Y cada posibilidad de sueños Debe pasar a recoger su lacre para la boca...’’

Vemos que la renuncia a la literatura se le comienza a presentar a Roque como la solución que posibilita la realización de sus ideales. Para el poeta escribir no es una actividad intelectual, es una necesidad vital y emocional a la que no es fácil renunciar. La angustia que experimenta ante la disyuntiva de ser poeta y lo que debe hacer ––que en su caso es la revolución––, la expresa así: ‘‘Pues hay dos planos en la misma fotografía mágica el de mis angustias o sea el de mis criterios sobre mí mismo y el de lo que debo de hacer...’’

El regreso de Roque a El Salvador para incorporarse al movimiento armado que ya estaba operando en el país, nos lleva a suponer que el poema más que un ‘‘bosquejo de adiós’’ fue, en realidad, una despedida de la literatura, la decisión estaba tomada.

En el último capítulo de la novela que tiene un título bien sugestivo ‘‘José la luz del túnel’’, el personaje muestra sus últimas dudas, pero también sentimos que la gran decisión está a la vuelta de la esquina. La estadía en Praga no había sido la culminación de sus ideas, se había reducido a ser el representante ‘‘del partido comunista más chiquito de la tierra’’. Pero le había abierto los ojos al proceso de ‘‘revisionismo’’ que se estaba dando en Europa (que culminaría después de su retorno a La Habana con la famosa primavera de Praga) de lo cual deja constancia en el poema ‘‘Taberna y otros lugares’’.

Roque sitúa históricamente su novela a comienzos de los años sesentas, pero no corresponde ya a la forma de pensar que tenía en los años setentas. En 1963, con una visión más pro soviética, había escrito un opúsculo titulado ‘‘Poesía y militancia en América Latina’’, en el que exponía sus ideas sobre el ‘‘compromiso’’ que tiene un poeta latinoamericano de hablar en su obra de la realidad nacional, así como la dimensión política y la importancia que adquiere el arte en los procesos de liberación de los pueblos. Las ideas que más tarde expone Roque en su novela han pasado, también, por el tamiz de la reflexión madura, por esa razón puede decir: ‘‘Los marxistas soviéticos me dejan con toda la sed, con la idea de que una dureza de tal pensamiento y del lenguaje no va conmigo...’’

A lo largo de la novela combatiría la vieja retórica con humor. Bajo la influencia de los socialistas franceses como Garaudy y Sartre que tenían un enfoque más humanista, Roque se inclinaría por un socialismo con un enfoque más latinoamericano pensado para la realidad del país.

La novela termina con el recuerdo de una noche en la que un compañero de generación le pide que acepte el ofrecimiento que él mismo había aceptado anteriormente: ‘‘No se te pide que dejes de ser comunista. Puedes seguir siendo comunista en Europa. Y mientras te desarrollas artísticamente, puedes militar perfectamente en el partido francés, un gran partido, un partido sabio de larga experiencia.’’ Roque no aceptó el ofrecimiento.

Pero el recuerdo de este pasaje sin importancia le sirve para dejar constancia de que su opción por la revolución no había sido producto de un entusiasmo pasajero, sino de un proyecto de vida largamente pensado. Roque regresó a El Salvador para incorporarse a la lucha armada en 1973, como combatiente del ERP.

Los años previos de su juventud habían sido de intenso trabajo literario; al entrar en la madurez de su vida podía dedicarse a lo que realmente le interesaba: realizar la revolución. Ahora sí la afirmación quedaba completa: Pobrecito poeta que era yo que creía en las posibilidades de la literatura.

Su siguiente producción literaria ya no la firmaría con su nombre. Inventa cuatro personajes para firmar los ‘‘Poemas clandestinos’’, al fin y al cabo ya no importaba, el poeta era el pasado del porvenir con que él soñaba.